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Julio Borrego Nieto
Julio Borrego Nieto, un sayagués Catedrático de Lengua Española:
“La lengua, como todos los instrumentos de identidad, se ha manipulado siempre”

 
Gorsei Rialuga
(Carbellino de Sayago)


Nuestra patria chica ha sido fuente de grandes personajes a lo largo de su historia. El Sayago actual se congratula de tener entre sus vecinos a muchos hombres y mujeres que están dictando el presente y el futuro de la sociedad española en diversos campos. Uno de estos ilustres personajes es Julio Borrego Nieto quien, a pesar de llevar a sus espaldas una brillantísima trayectoria como Catedrático de Lengua Española de la Universidad de Salamanca, no olvida que sus raíces se encuentran en la localidad de Moralina de Sayago. Este interés por nuestra historia se ha plasmado en varias de sus obras como “Norma y dialecto en el sayagués actual” o “La situación sociolingüística de una comunidad rural: Villadepera de Sayago”. Su claridad y sencillez expositiva, y esa mirada franca detrás de los cristales de sus gafas convirtieron la conversación sobre un tema aparentemente pesado en un rato muy interesante.

PREGUNTA: Hay por ahí un dicho que define al sayagués como un castellano mal hablado... ¿Qué es exactamente el sayagués?

JULIO: El sayagués no es una lengua y tampoco tiene elementos diferenciales como para considerarse un dialecto. En parte sí se puede aceptar esa definición, pero tiene muchísimos más elementos destacables. Básicamente se compone de un montón de palabras castellanas comunes, que son la mayoría, a las que se unen otros tres tipos de palabras: unas son las técnicamente llamadas vulgarismos: palabras que no corresponden exactamente a las comunes porque se oyen deformadas (como “arbañil”, “ancina”) pero que aparecen en todas partes. Luego hay una serie de arcaísmos que son palabras que fueron cultas en su época, y de hecho se pueden leer en el Siglo de Oro en los escritos de Cervantes o de Lope de Vega. Por ejemplo, aquí en Sayago se dice “materia” para referirse a “pus”, o “Hacerse la barba” para “afeitarse”, o se usa “antruejo” por “carnaval”, etc. Estos arcaísmos se han perdido en el castellano normal de ahora pero aún se conservan en el sayagués. Y por último, se observan restos de ese dialecto en vías de desaparición llamado leonés o astur-leonés. Palabras leonesas son, por ejemplo, “jera”, “andar agudo”, “adil”, “jejo” o “jeijo”, “llagona”, “furganero”, y muchísimas más. Está emparentado, en esto, con el mirandés, con las hablas de Aliste, Sanabria, León y, por supuesto, con el asturiano.

P.: En la literatura clásica parece que al sayagués se le ha considerado como algo con más personalidad que ahora. ¿Con el paso del tiempo ha perdido relevancia?

J.: En la época de Cervantes “sayagués” era sinónimo de rústico. El término se refería de forma un poco vaga no sólo a este rincón occidental zamorano sino que englobaba también parte de Salamanca... Sobre todo “sayagués” quería decir “habla rústica”. Tampoco coincide con lo que se lee en el teatro de Juan del Encina y otros autores, ya que lo que ellos llamaban sayagués era, en buena medida, una lengua inventada. En las obras de Juan del Encina el personaje sayagués habla rústico pero no todo lo que dicen sus pastores coincide con lo que se decía en Sayago. Por ejemplo decían “ño”, y que yo sepa ese término nunca se ha dicho por aquí. Simplemente lo que querían esos autores era que los pastores hablaran rústicamente y a eso le llamaban sayagués, pero no tenía por qué coincidir con lo que se hablaba en Sayago.

P.: Hoy en día, cuando vemos los programas de televisión portuguesa a muchos nos sorprende encontrar palabras que se parecen a las que usaban nuestros abuelos. ¿Qué influencia ha tenido el portugués en el habla de esta comarca?

J.: Influencia directa apenas ninguna, entre otras cosas porque los contactos entre España y Portugal son muy recientes. Lo que ocurre es que el portugués y el sayagués tienen un fondo común que han heredado los dos a la vez, probablemente desde el latín. No es que se influyan uno a otro sino que han heredado las mismas palabras, sobre todo el portugués oral fronterizo que es el que más términos en común tiene con Sayago por compartir precisamente el mismo origen. Y no digamos nada si lo comparamos con el mirandés, que no deja de ser otra variedad integrada en el complejo astur-leonés.

P.: Zamora fue una tierra de repoblación durante la Reconquista. ¿Puede existir en el sayagués alguna influencia del eusquera o de otras lenguas del norte?

J.: Tal vez hubiera cierta influencia pero no del eusquera que si alguna vez influyó, como dice Menéndez Pidal, lo hizo sobre el castellano en general (por ejemplo para configurar el sistema vocálico), pero no específicamente sobre el sayagués. Es cierto que los habitantes del norte pudieron repoblar la provincia de Zamora. Se sabe por ejemplo que vinieron gallegos o gente del Bierzo (hay un pueblo en Aliste que se llama Bercianos)... Ese tipo de influencia sí existió, pero de entre los pueblos del norte de la península no se ha tenido especial influencia de los vascos.

P.: ¿Entonces eso que dicen de que el origen del pueblo de “Muga” podría encontrarse en una palabra vasca que significaría “límite” o “frontera”?

J.: Pero es que “muga” podría ser en realidad una palabra romance, con especial vigencia en hablas del norte como las de Aragón o Navarra. Estas cosas nunca se saben con seguridad.

P.: Si muchas palabras del sayagués se siguen conociendo hoy en día por la gente joven se debe en gran parte al “jaronismo” pero, ¿qué es en realidad el “jaronismo”?

J.: Es un fenómeno que consiste en utilizar una variedad lingüística pensando que es especialmente apropiada para hacer reír o para hablar en broma. Cuando usas una variedad para hacer esto significa que esa variedad está desprestigiada, que no tiene futuro. Es lo que se hace, o hacía, aquí en Sayago con las pocas palabras portuguesas que se sabían, o lo que se hacía en Portugal con palabras españolas y lo que se hace aún en Sayago con palabras de los abuelos. Había gente que para contar un chiste metía una palabra de su abuelo, pero sólo en ese contexto. A eso se llama jaronismo y revela una falta de prestigio de la variedad que en ese momento se está usando.

P.: ¿El lenguaje es sólo una manera de comunicarse?

J.: No, rotundamente no. Es mucho más. Si nos dieran un aparato con el que aprendiéramos inglés de la noche a la mañana y nos pusieran la condición de que nunca más íbamos a hablar español, con el fin de que nos entendiéramos todos, sin traductores y sin las trabas del idioma para movernos por el mundo, yo no estoy tan seguro de que toda la gente aceptara. Eso indica que la lengua es algo más que un instrumento para comunicarse... y así se entiende todo el follón que tenemos ahora con las lenguas en España.

P.: ¿Ha secuestrado la política el valor de la lengua?

J.: Eso ha ocurrido siempre. La lengua no es sólo un instrumento de comunicación: es un instrumento de identidad y como todos los instrumentos de identidad se ha manipulado siempre. En esta época parece que se haya acentuado porque la confrontación política entre regiones es particularmente intensa y está en un momento de auge esa exaltación sentimental de la lengua, pero no es nada nuevo en absoluto.

P.: ¿El lenguaje que utilizan hoy en día los jóvenes es un problema o es algo normal?

J.: Es un problema depende de cómo se mire. En la vida nos movemos en esferas diferentes: hablamos en el grupo de amigos, en el ámbito familiar, en la escuela, y a veces en términos más elevados... El problema de los jóvenes es que dominan más vocabulario en esferas que no son las prestigiosas y eso es lo que tendría que corregir la escuela. Cuando se dice que los jóvenes tienen poco vocabulario se quiere decir “en esferas prestigiosas” para la escuela o para la vida, aunque eso no indica que tengan poco vocabulario en otras esferas como la música o la informática. Pero como la que habitualmente se juzga es la esfera culta se considera que tienen poco vocabulario.

P.: ¿La palabra ha perdido hoy terreno frente a otras formas de comunicación más impactantes, como la imagen?

J.: Depende de lo que se entienda por perder terreno. Así como hay cosas que la palabra nunca podrá conseguir, hay otras que la imagen nunca logrará. Hay determinados recursos artísticos, determinadas formas de representar la realidad que sólo se pueden hacer con palabras. Tengo un ejemplo concreto: hay una película famosa titulada Nadie conoce a nadie que está basada en la novela homónima de Juan Bonilla, fue dirigida por Mateo Gil y tuvo un notable éxito. A mí me encantó la novela y sin embargo no me gustó nada la película, y no es que estuviera mal hecha sino que la novela se basaba en la retórica, en el uso de palabras... y eso la película no lo puede captar. Puede manejar argumentos e imágenes pero no puede manejar ciertos usos de las palabras. El encanto de la novela leída se pierde al pasarla al cine. Con la palabra se consiguen efectos retóricos o irónicos inaccesibles para la imagen. Sin embargo hay cosas que consigue la imagen pero no la palabra. Por eso nunca llegarán a sustituirse la una a la otra, las dos tendrán que subsistir juntas. Otra cosa es que luego haya gente que renuncie a uno de los mundos, pero eso ya depende de las personas.


Entrevista por Gorsei Rialuga (gorsei@yahoo.com)
Noviembre de 2005.