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Origen y nombre

Como dice Victor M. Casas en su magnífico trabajo Arribes del Duero, editado por Edilesa, primero llegó el granito, luego el agua y después, sin prisa, el tiempo. El resultado de esta combinación es lo que hoy conocemos por Los Arribes del Duero.
En la comarca de Sayago, y en lenguaje popular, siempre se llamó a esta zona del Duero  "Las  Arribas"  y a los enormes peñascos  cortados  de las gigantescas  rocas graníticas que forman el encajonamiento del río,  Los "Arribanzos". Sin embargo, es a partir de mediados de los años 70 cuando desde el exterior se comienza a referenciar a este tramo del Río Duero  como Los Arribes.  Los filólogos tratan de encontrar los orígenes del nombre en vocablos derivados del latín  "ripa" (riba, riparia, ribera) que más tarde acabaría tomando la forma "arribas".

Los Arribes del Duero comienzan a unos 20 Kms. de Zamora en el término de San Román donde se presentan  los primeros y ya espectaculares signos de la tremenda  fuerza erosionadora del agua sobre pizarras y cuarcitas. Es el paraje  llamado Las Pajarancas.  Desde aquí hasta La Fregeneda en tierras portuguesas y salmantinas,  el tramo recorrido es de unos 120 Kms. de los que  57  corresponden a Zamora y 65 a Salamanca.

El río comienza a encajonarse en tajos cada vez más profundos y estrechos en los términos de Pereruela. Sigue por Arcillo, Abelón, Moral, Moralina y Villadepera donde se encuentra con el río Esla y se une a tierras portuguesas. En su encuentro con Portugal el río cambia su rumbo hacia el Sur y establece la raya que ha servido de frontera con el país vecino por el lado Oeste.  Por el lado de España pasa por los pueblos de Villardiegua de la Rivera, Torregamones, Badilla, Cozcurrita, Fariza, Mámoles, Fornillos, Pinilla  y Fermoselle donde al Duero se une el Tormes en el lugar denominado las Dos Aguas y continúa su recorrido haciendo frontera entre Portugal y las tierras de Salamanca.

Maravilla natural
Si los Arribes son para la vista y el alma un espectáculo natural maravilloso por su paisaje granítico formado durante millones de años de contacto entre la fuerza del agua, la resistencia de la piedra y el murmullo del viento, no lo es menos el contemplar como  se ha ido desarrollando en ese entorno un  microclima que proporciona de forma increíble y aparentemente arriesgada en muchos casos, abundante vida animal y vegetal. Podemos ver higueras creciendo majestuosas a 70 metros de altura en la verticalidad absoluta de las rocas. Musgos y líquenes que se colorean con bellos tintes amarillentos. Plantas y arbustos silvestres como  la cornicabra o el zumaque,  del que nuestros abuelos usaban el fruto para teñir prendas de vestir y tapabocas.

Hacia el profundo lecho del río discurren grandes afluentes como el Esla  y el Tormes pero también multitud de riveras y "regatos" que aportan sobre todo en invierno y primavera el agua que recogen de las tierras de Sayago. Entre estos regatos y riveras y especialmente en las zonas próximas al "arribanzo", se encuentran emplazados en pequeños huertos y bancales los  viñedos, olivos, almendros, y otros frutales que se aprovechan de la agradable temperatura (15º de promedio) del microclima de Los Arribes. 

En este ambiente vive y se reproduce una rica y muy variada fauna. Multitud de insectos encuentran aquí su hábitat ideal gracias a la diversidad de la vegetación. Se calcula en un 62 por ciento de anfibios y 57 por ciento de reptiles del total de especies que habitan la península ibérica. Hay más de 100 especies de aves y 35 de mamíferos. Espectaculares por su belleza cruzando los claros cielos del entorno, son  las aves rapaces que anidan en las paredes inexpugnables del "arribanzo" y que  vuelan majestuosas sobre los campos y pueblos de la comarca. El águila real, la  perdicera, la cigüeña negra de la que quedan escasos ejemplares, el cernícalo, el búho real y otras muchas de pequeño tamaño y precioso plumaje.

Gentes de Los Arribes
Los Arribes del Duero han sido parte esencial de la forma de vida, costumbres y tradición para los habitantes de las Tierras de Sayago. Ellos han sabido  sacar de este terreno bello pero poco productivo, los elementos que les eran indispensables para alimentar el ganado y para su propia subsistencia.
Las laderas más inclinadas del arribanzo a lo largo del tramo del río que se dirige al Sur, han estado desde hace mucho tiempo pobladas de viñedos. Estos viñedos como es el caso de Mámoles, pertenecen a propietarios de varios pueblos ya que la zona se considera ideal  para producir en ella uno de los vinos más afamados de la zona. Y sólo hace falta contemplar brevemente el paisaje repleto de muestras del pasado humano para ver entre su belleza el  inmenso trabajo dejado allí por nuestros antepasados.
  
Por entre estos parajes de ocultos senderos y acceso extremadamente difícil, caminaron escondidos en la noche los contrabandistas. Ellos, vivieron extraordinarias aventuras con las que lograban hacer pequeños intercambios y complementar el sustento de sus familias en tiempos difíciles. Ellos, los hombre sin fronteras, los amigos del búho, los hijos de la necesidad y de la noche, ayudados por pastores y cabreros de ambos lados que siempre se vieron entre ellos como hermanos, cruzaron el río en condiciones que nos parecen ahora imposibles. Los contrabandistas, arriesgando a menudo  sus vidas mientras eran  perseguidos muy de cerca por los carabineros que  vigilaban Los Arribanzos, han escrito una romántica y apasionante  página de la historia de los Arribes del Duero y de esta tierra.

JVP  

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Aguila perdicera

Amantis religiosa


Cigüeña negra