Jesús Villar
Enero, 2012
Los dedos de las manos se quedan engariñidos y las
orejas se vuelven insensibles como si fueran de tela.
Cruje al pisar el suelo helado y es blanco en vez de
verde el herrén en las cortinas de La Raposera. Este año
no hay carámbano en las pilas de los huertos ni en las
charcas del monte porque no ha llovido en todo el
invierno y las riveras a estas alturas, aún están secas.
No remansó el agua en la represa del molino caído ni se
atollan por ahora los pastores en las veredas.
Las chimeneas de algunas casas alientan con desgana sus
hervores como si el humo anduviera perezoso de salir de
las cocinas y encontrarse con el aire gélido que
sobrevuela en leve brisa los tejados.
Y allí, en casa del tio Manuel, en lo mas alto del
tejado junto a la chimenea está el gato bardino,
sentado, acicalándose mientras el sol lejano le retoca
el pelo tupido de invierno con suaves rayos de tenue y
mortecina luz.
El tio Manuel, estará seguramente en la cocina arrimado
a la lumbre, dialogando con su propio pensamiento sobre
todo aquello que fue pasando a lo largo de su vida.
-Tio Manuel, ¡buenos días..! ¿Puedo entrar?
-¡Pasa, pasa, y entra hasta la cocina.
-Arrímate a la lumbre que está recién hecha y pahí
afuera tien que hacer hoy mucho frío.
-Mucho frío, tio Manuel, hoy es verdad que hace mucho
frío.
-¿No habrás visto pahí afuera el mi gato por casualidad?
-me pregunta el hombre mientras con las tenazas esgarra
las brasas de la lumbre-.
-Sí, en lo alto del tejado está acicalándose. ¿Como es
que no está aquí con usted a la lumbre?
-Hoy, mejor le es que no aparezca por aquí.
-¿Pues que le ha hecho?
-Esta noche se las arregló pa abrirme el pote y sacarme
una longaniza que tenía pa comer hoy que cumplo años.
-¡Vaya, eso sí que es una mala faena. Dejaría usted mal
tapado el pote...
-No, no quedó mal tapao el pote no, pero, es que es un
gato mi viejo y mi astuto. Sabe como arreglárselas pa
abrir los pucheros y los potes. Siempre ha sido un gato
mi goloso.
-Hombre, tio Manuel, una longaniza en estas fechas de
matanza es más que un manjar para cualquiera. Cuanto más
para un gato.
-Ya lo creo, y más esa que me la habían dao los vecinos
que ellos entodavía hacen matanza y estaba bien curada.
Dos semanas llevaba aquí colgada en la cocina acabándose
de aoriar y yo sin dejar de mirarla. Ya ves, pa que
ahora venga el ladrón del gato y se la coma.
-Andará con hambre el gato acaso...
-¡Quevá, que va a andar con hambre si de la comida que
hago pa mi el come más de la mitad... Cena mas que yo
todos los días. Lo que pasa es que es un gato golosón y
aquí a la lumbre to la noche oliendo la longaniza, no ha
parao de estudiar hasta que se vengó de levantar la tapa
y ¡zasss, la sacó y se la zampó. Mira, aquí ha dejao la
subina, nada más. De la longaniza, ni el aliento. No ha
dejao nada el muy ladrón.
-Y ¿no tiene mas longanizas tio Manuel?
-No, porque como ahora yo ya no hago matanza... Y esa la
tenía porque me la dieron los vecinos que ellos
entodavía sí que hacen. Pero no voy a ir a decirle que
me den otra. ¡Pues no faltaría más... Bastante hicieron
que me dieron una.
-Bueno hombre, pues eso se remedia comprándole una
cuando pase el vendedor ambulante que también lleva
longanizas para vender.
-¡Bahhh. Esas ya no son iguales. No digo yo que sean
malas pero no tienen nada que ver con las que se hacen
en la matanza de casa. Eso es otra cosa. No ves que como
lo hecho en casa de uno no hay nada... No, hoy ya no
celebro yo agusto el cumplir los años. Pero como se
arrime por aquí el gato, ese no se libra de recibir un
gaznetazo. Más le vale no bajarse hoy del tejao...
-Y, ¿cuantos años cumple tio Manuel?
-Muchos, muchos años ya. Fijo, fijo, ya ni me acuerdo.
Pero se que andan mi cerca de ser los cien...
Muchas felicidades
tio Manuel.
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