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Solsticio
SOLSTICIO
Jesús Villar
Junio, 2009

Sayago, 23 de junio de 2009. El día mas largo del año se acaba cuando el sol "traspone" sobre el horizonte quebrado de los montes portugueses. El paisaje se tiñe de rojo y la noche mas corta viene ya cubriendo lentamente esta tierra. Todo es silencio aquí, a esta hora; solo una alondra entre el tomillar, a la que ha chocado nuestra presencia nos observa curiosa desde lo alto de una "tarrueña"  dejando en el aire unas notas de asombro extraídas con quien sabe que intención del repertorio de su lenguaje.

A lo lejos, enfilando una cañada estrecha, un rebaño de ovejas recién esquiladas se "apelotonan" levantando una tenue polvareda. En el valle, el olor a hierba seca se hace más intenso a medida que la noche se aposenta y allá arriba, comienzan a chispear diminutas las más tempranas estrellas. Las peñas dibujan en el paisaje del oscurecer extrañas formas y los sonidos de la noche se despiertan.

Este día más largo con su noche más corta, hicieron pensar a los hombres desde hace mucho tiempo. Les provocó dicen, extraños sentimientos y fueron el origen de muchos ritos y tradiciones que algunos después llamaron paganos.  Pero aquellas gentes, con sus mentes limpias de mensajes interesados, entendieron que algo bueno y especial había de tener un día en el que el sol y su luz  acorralaban sin piedad a los espíritus oscuros dejándolos casi sin noche para ejercitar sus maleficios y creyeron que era bueno hacer ofrendas de agradecimiento.

Construyeron altares de piedra desde donde hablaron con el dios de la luz, el fuego, el agua  y el viento. Convinieron en que era propicia esta noche corta para acercarse al teso y recoger de él plantas aromáticas con las que remediar los males o ahuyentar  brujas y otros espíritus dañinos. Hicieron hogueras y enviaron al cielo de la noche corta las "humarazas" olorosas del tomillo. Bailaron y saltaron sobre el fuego una vez y otra sintiéndose dominadores del miedo.

Agradecían al sol por haberle sido en este día más generoso regalándole un poco más de luz con la que alumbrar sus cosechas y rezaron con devoción a su manera. Crearon costumbres  ligadas a sus trabajos y labores. Los pastores se lavaban los pies al amanecer y  bañaban a sus ovejas al acabar la noche en el agua remansada de los cadozos porque creían que las aguas de esta noche especial les protegían con mágicos poderes evitando los males de la "modorrera" en las ovejas.

Mucho más tarde, llegaron otros hombres que vinieron de otras tierras con el afán de cambiarlo todo y sobre aquellas tradiciones  pusieron otras a sus dioses, y otros rezos y costumbres. Los nuestros, no pudieron evitar que sus altares de piedra y muchos de sus secretos fueran destruidos y olvidados. Sus tradiciones y sus ritos convertidos por "paganos". Pero en sus almas sin mensajes interesados, permaneció intacta una parte de lo antiguo que los sayagueses buenos fueron transmitiendo durante muchísimas generaciones a sus hijos. Y por eso ahora, en la noche de San Juan, aún se pueden ver en esta tierra nuestra, humaredas olorosas elevándose hasta el cielo. Y gentes que saltan sobre las hogueras  dejándose impregnar por la magia del momento.
 

Junio, 2009