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EL TURISMO EN SAYAGO |
Jesús Villar
Mayo, 2008
En Sayago, como en la mayoría de los sitios de
turismo rural, los turistas son esos personajes
que cruzan nuestros pueblos y sus rayas a veces solos,
otras en pequeños grupos, y que sobre todo cuando son
primerizos, se les ve andar como algo perdidos en una
tierra extraña donde habitan gentes de costumbres que a
ellos les chocan. Sin embargo, el turista, una vez hecho
al lugar, suele encontrarse además de sorprendido, muy
cómodo y con ganas de volver. Bueno, no siempre y no
todos. Los hay que en su deambular por nuestros
pueblos, caminos y cañadas, van preguntando a
quien encuentran: dígame por favor, además de paisajes
bonitos y de tranquilidad, ¿que más se puede ver aquí..?
En algunos se nota como un atisbo de frustración; como
un haber venido a un lugar no esperado que puede echar
por tierra su fin de semana de merecido descanso o sus
vacaciones. ¿Qué más se puede ver aquí..?
Para nosotros, los de aquí, los que cuando tuvimos
necesidad de ver y disfrutar de algo nuevo aprendimos
desde niños que lo mejor era trepar a las colinas y a
las peñas, que para divertirnos era
suficiente con observar a las abejas introduciéndose
ceremoniosamente a sorber el néctar en la flor de las
dedaleras y que los viajes más largos se hacían soñando
o compartiendo nuestras pasiones y anhelos con el propio
entorno, la pregunta tiene una fácil respuesta: miren
ustedes, si desde aquí no ven todo lo que desean vayan
hasta lo alto de aquel teso desde donde podrán ver
muchísimas más cosas. Desde allí podrán ver de cerca y
tocar ermitas con sus piedras sagradas impregnadas
por el ritual y la tradición de nuestras gentes a lo
largo de muchos siglos. Podrán asomarse con mucho
cuidado a contemplar los impresionantes paredones del
Duero cavados durante millones de años por el agua y el
viento; verán si miran al cielo, los leonados y las
águilas volar y encaramarse en los riscos
inaccesibles para los humanos del Arribanzo...
Verán, si dejan a sus pupilas posar la mirada sobre el
paisaje que les rodea, contemplar el inmenso trabajo
dejado en herencia a menudo incomprendida por y para sus
hijos por nuestros abuelos. Podrán si lo hacen
compartiendo confianza, sentarse a la vera de un casito
de viejas y gastadas piedras a escuchar la voz de
nuestra gente contándoles sus formas de vida y
experiencias, teniendo quizás como privilegio y
como orador a un pastor genuino de Sayago.
Podrán ver en en el piornal como las retamas y el
cantueso enzarzan en Mayo sus colores en el viento
tratando de atrapar sus vitales esencias. Escucharán si
saben hacerlo, el mensaje del búho real en el crepúsculo
antes de iniciar su silencioso vuelo sobre las sombras
del encinar iluminado por la noche. Podrán
quedarse adormilados en casi cualquier lugar y sin la
necesidad de poner sobre sus sentidos otra química que
el aroma de la naturaleza, mientras escuchan sinfonías
inéditas de ningún hombre, por que hasta ahora, nadie
fue capaz de escribir partituras ni siquiera parecidas,
al estilo con que lo hizo Dios.
Y es que hay turistas que al parecer, cuando eligen sus
rutas de descanso o de vacaciones, se traen con ellos el
pálpito de sus vidas cotidianas; la ciudad y sus
costumbres. Las luces de neón y el ruido de sus calles;
la necesidad de sentirse rodeados de multitud y del
espectáculo que en si misma, la capital y su vorágine
produce. Claro, al llegar a Sayago, esto no les cuadra.
Venir aquí de esa manera, es como ir al baile portando
una pesada y voluminosa radio loro al hombro con su
propia música. Son cosas que no combinan. Así, no
se escucha bien ninguna de las dos músicas y al baile no
se le encuentra nunca la verdadera gracia ni el compás.
Venir a Sayago, amigos turistas, es otra cosa. Antes de
emprender el viaje a nuestra comarca hay que hacerse a
la idea de que se va muy lejos. Es, hacer un viaje
larguísimo sobre la historia y su tiempo y es necesario
salir de casa con la mente advertida y preparada. Hay
que venir sabiendo que así como para alimentar el cuerpo
sí encontraréis muchos mapas y folletos indicativos, no
existen mapas ni carteles con flechas anunciando posadas
para el regocijo del alma; debéis tener bien presente
que aquí, en esta tierra como en muchas otras, el alma
se alimenta de lo que vamos encontrando mientras andamos
por el propio camino.
Nosotros, la mayoría de los sayagueses, estaremos muy
agradecidos y contentos de veros estudiando el estilo
arquitectónico de nuestras iglesias, paseando por entre
nuestras cortinas, o encaramados en algún teso
disfrutando del bello y ancestral paisaje. Disfrutaremos
compartiendo con vosotros los muchos valores culturales
y de tradición que tenemos. Estaremos dispuestos y
cordiales para enseñaros a caminar por nuestros
senderos, por las riberas con sus antiguos
molinos, por entre viejísimas y rodadas piedras. Y nos
alegraremos mucho de que volváis en más ocasiones y
mucho mejor si lo hacéis acompañados de amigos. Siempre
eso sí, confiando en que sabréis perdonar algunos
posibles "incomodos" y de que en vuestro viaje a Sayago,
nos ayudaréis a cuidar de esta vieja y hermosa tierra
con mucho cariño.
12-05-2008
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