Jesús Villar
Abril, 2008
Ya es primavera en Sayago. Ya el membrillero enseña
los estambres de sus flores a voladores pasajeros. Las
lluvias a tiempo de Abril, han despertado el paisaje
adormilado y los colores brotan por todas partes
hambrientos de luz. La cigüeña, está ya incubando sus
huevos en la torre de la iglesia o
sobre las copas más altas del fresno y del roble.
Los "puntones" tan gastados por el pisar milenario
de los nuestros, juegan a enredar infinitas formas
onduladas en el agua de los regatos. Allá, sobre la
encina más alta de un cortino, suena la voz del
cuco y en el tejado de una casa deshabitada, la
"bubilla" pone su bup, bup, sobre el viento que pasa.
Empujando un carretillo va una viejita camino del
huerto. Un pastor aballa sus ovejas desde el todo
terreno mientras escucha la música de una emisora
portuguesa. Junto al portillo de un prado, una oveja
recién parida, "berria" solitaria amamantando la
cría que está haciendo vibrar su cola como queriendo
saludar a la vida. De repente, un coche aparece por la
carretera y un perro que dormita a la puerta de un
corral, se despierta furioso y corre veloz ladrando con
la intención de morderle las ruedas. El coche se ha ido
del pueblo, desaparece en un momento, y el perro se
vuelve a quedar dormido a la vera de su puerta.
Así van pasando aquí en nuestro Sayago las horas y los
días. Sin gente, sin ruidos, sin novedad... Un día o dos
a la semana, aún se puede oír la bocina del panadero y
poco mas. El perro, cansado ya de dormir, se aburre, se
levanta de vez en cuando y se despereza. Y es que aquí,
cada día somos más ricos en calma y en soledad. Pero se
está bien; se vive tranquilo. Eso si, mientras no vienen
"los de fuera" a joder la marrana. Esos que "sólo
vienen a bailar en las verbenas". Esos, que suelen traer
niños que alborotan la plaza con sus gritos y sus
bicicletas. Esos, que aún siendo hijos de aquí, no
tienen derecho a opinar sobre los asuntos de su pueblo
ni sobre el lugar más idóneo para poner los hierros de
una antena. Esos que invierten los ahorros de su trabajo
en la ciudad, en hacer casas aquí, en Sayago, en su
madre tierra. Esos que comparten durante todo el año los
gastos de la comunidad, que arriman el hombro a la
tradición y a las necesidades colectivas y
culturales del pueblo cuando hace falta. Esos que han
estado durante muchos años soñando con volver a sus
raíces algún día, y poder estar al fin, entre los suyos
sentados a la sombra de la luna mientras se apaga para
ellos el fuego de las estrellas.
Es primavera en Sayago. Y un año mas se repiten
añejas secuencias. Las romerías a las ermitas donde se
dará fuerza a la tradición o la creencia. Donde se harán
misas honorando a las patronas y patrones de nuestras
aldeas. Desde donde se elevarán rogativas y se pedirá a
los santos que ayuden a los que nos gobiernan. Y ahí, en
la procesión, estará probablemente, un anciano
llevando alguna cruz al lado del cura (quedan pocos) y
acompañando a la Virgen, un pequeño grupo de mujeres. También estará como no,
la autoridad nueva o, la de siempre, que mas da, y sus
dóciles concejales, donde más se les vea, en
algunos casos, con el
bastón en alto haciendo más visible su prepotencia. Habrá también seguramente
algunos forasteros de "los de fuera". Los únicos
seguramente, que después a la noche, "bailarán en la verbena".
Pero lo más bonito de Sayago ahora, es sin duda alguna
la primavera. El paisaje, con cada vez menos gente ni
pastores que lo pisen, se viste a su antojo de amarillo
y blanco con el color de las retamas. El tomillar se
tiñe de púrpura intenso con el fulgor del cantueso. Las
riveras, se cubren de millones de florecillas blancas.
Los reflejos del cielo se mezclan en el agua con el
croar de mil ranas que ellas si, se llaman unas a otras al amor y a
la convivencia. Los ruiseñores, cantan ya durante toda
la noche en los negrillos de la alameda. Y es que,
la naturaleza, un año mas, está haciendo bien su labor,
empeñada en poner más vida sobre el suelo de esta
tierra. Esperemos que no vengan "a joder la marrana los de fuera"...
12-04-2008
|