Inicio
ARQUITECTURA POPULAR
La arquitectura popular es la manifestación más genuina de la vida campesina. Todas las dimensiones de la antigua vida rural han quedado reflejadas en la materialidad de una construcción o una pequeña obra de ingeniería. Desde la complejidad del batán a la simplicidad constructiva y, funcional del cercado, la arquitectura popular sayaguesa se nos presenta como una perfecta adaptación al medio físico, a la tradición y, en definitiva, a las necesidades vitales de sus constructores.

Los viñedos aparecen sembrados de guardaviñas o "casitas", las riberas están jalonadas de viejos molinos y cruzadas por asombrosos pontones. Los pueblos engarzan casas con corral y patio. Fuentes, cigüeñales y abrevaderos nos hablan del aprovechamiento de un bien escaso y necesario -el agua- mientras los hornos, lagares y obradores fueron el orígen de bellas vasijas, ricos caldos o panes cotidianos.

Austera por definición, la arquitectura popular sayaguesa encierra, sin embargo, una infinitud de formas, diseños y soluciones que se corresponden con sensibilidades y necesidades individuales o colectivas. Unificando esta diversidad, el granito se alza como materia prima en estado puro o labrada hasta la filigrana. La madera, cortada en sazón y, trabajada con conocimiento, sustenta estructuras o las encierra en foma de portaladas y ventanucos. El adobe y la teja son los materiales complementarios que, como aquellos, fueron extraídos de la tierra con sencillos útiles v antigua sabiduría.

Aquí y allá, esta sobriedad está salpicada por discretos símbolos que nos descubren la sensibilidad estética y la espiritualidad de los antiguos sayagueses; la carpintería, la forja o la labra de la piedra recogen viejos iconos de connotación generalmente religiosa. Discreta y callada, la arquitectura popular que conocemos es el legado de una forma de vida perdida y no añorada que, sin embargo, aún puede darnos lecciones sobre nuestro pasado y sobre el buen hacer de unos hombres y unas mujeres que supieron aprovechar hasta el extremo la materia que les rodeaba y el medio en el que les tocó vivir.



Arsenio Dacosta