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Reconocimiento

Ramón M. Carnero
ramonm.carnero@gmail.com


Junio, 2009


El repelús o la vergüenza hacia la pana, la faja y la boina que vestían nuestros antepasados se merece un profundo estudio. Más no sé si de sociología o de psicología. Tal vez entre mejor en lo freudiano de las consecuencias que la infancia acarrea en nuestras vidas. Aunque no sé yo. La cuestión se las trae porque habría que pescudar….

La vergüenza propia o ajena que sienten algunos puede que no esté tan influenciada por la realidad infantil de los que ya brincamos los cuarenta, o cincuenta…, como por el hecho de haber sido, la boina y la pana, acuñadas como icono de paleto, tan celebrado en películas y chistes. La chanza repercutió de tal modo en las gentes que emigraron a la ciudad que nadie quería ser de pueblo. En cambio ahora todo lo que es y huele a pueblo es turismo rural. Esto de darle la vuelta a las cosas para no llamarlas por su nombre me da la risa

Voy más allá. Cuando la pana decaía como imagen del paleto, surgía con fuerza como símbolo progre. Lo más granado la llevaba sin reparo alguno y se dejaba querer por las cámaras para que difundieran su imagen. Tan pronto como alcanzaron el poder político, la pana pasó a mejor vida comida por la polilla de los trajes de corte y confección.

Ante este cambio me pregunto si quienes rechazan el atuendo de nuestros antepasados realmente lo hacen por el trauma que les causa recordar la vida de sus progenitores o, más bien, por la frustración que les causó el cambio que dieron aquellos que tenían como referencia, como norte y guía para cambiar España.

Pues fíjense que a mi la pana, la boina negra y el paño de las charras y manteos de nuestras abuelas pues no me da para atrás, no me da vergüenza. Lo llevo con orgullo. Tanto, que el pasado día 17 de junio vestido como siempre lo hizo mi padre, mis abuelos, tanto y tantos sayagueses que andaban delante o detrás de las vacas…; vara larga de gañán en mano, acompañado de mi mujer vestida de charra sayaguesa, y con la vaca Antrueja o de carnaval de Pereruela, fuimos los únicos representantes de la provincia de Zamora que estuvieron en el acto de inauguración de un monumento dedicado a las mascaradas de nuestra provincia –representadas por el tafarrón de Pozuelo de Tábara, y las del Nordeste Transmontano e Douro (Portugal) en Braganza (ver La Opinión-El Correo de Zamora, del 26 de junio de 2009). Y vestidos de sayagueses fuimos recibidos calurosamente por las autoridades del lugar. Las zamoranas presentes en el acto, Presidente de la Diputación y Alcaldesa de Zamora también estrecharon nuestras manos. Otros representantes zamoranos ni se dignaron. El momento cumbre, la grata sorpresa para nosotros –seguro que sorprendió a más-, fue cuando llegó el Presidente de Portugal, Aníbal Cabaco Silva y Señora que sin ceremonia alguna, sin intermediarios, sin alharacas, sin introductores de protocolo, sin policía o escolta que se interpusiera o nos apremiara, sin nada de nada estrechó nuestras manos, y la Señora cambió la de mi mujer por un besó casi apenándose por el calor que debía estar dándole el traje por el día que hacía, interesándose luego por él.

Difícilmente se puede dar un reconocimiento mayor a lo que NOSOTROS representábamos en esos momentos: las mascaradas zamoranas y las raíces sayaguesas, ratificado por las medallas conmemorativas de dicho acto con las que nos obsequiaron; cuando en Sayago y desde Sayago los que tienen la sartén político económica agarrada por el mango no se han, al menos, interesado un mínimo por tantos años de trabajo en solitario tan valorado en otras tierras, donde no somos plato de segunda mesa.

Como prueba de lo dicho pueden ver algunas fotografías en Ventana abierta que nos trajimos de Braganza. Quedaron en mandarme algunas de cuando saludé al presidente portugués vestido de sayagués. 

PD. En esta sección hay artículos en los que aparecen ampliamente reflejado algunos aspectos mencionados en este: Vacas con denominación de origen, Desde Lisboa (también hemos estado este año), Gracias por nada, Nuestra cultura traspasa fronteras, De supervivencia de trata.


 

RAMON M. CARNERO
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