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Al otro lado de la ventana... Tere |
Ramón M. Carnero
ramonm.carnero@gmail.com
Junio, 2009
Llueve. No precisamente sobre mojado aunque haga buena
falta. Estoy junto a un cabozo, cadozo o caozo de La
Ribera. Al principio son cuatro gotas escuchimizadas.
Las ondas que producen no llegan a chocar entre sí.
Arrecia. La intensidad vuelve borrosa la superficie. El
agua cae levantando pináculos herrerianos. Hay muchas
burbujas. Como si el cabozo estuviera cociendo. Los
reflejos de las verdes y terrosas orillas, de los
bayones, de alguna encina y peña se han codificado. Pero
es junio y al momento la superficie se vuelve nítida. La
banda sonora de la naturaleza es un gorjear incasable de
pájaros, croar de ranas…
Me fascina la lluvia. En casa o en el campo. Mejor
rodeado de encinas y al lado de La Ribera que se desliza
serpenteando por el campo como una gran culebra.
Ni más ni menos que el cuerpo de Tere a lo largo de sus
treinta y dos años de parálisis cerebral. Como nuestras
riberas que corren recluidas en los cauces excavados a
lo largo de milenios, la vida de Tere discurre confinada
en su Sogo natal. Los espasmos que produce en su cuerpo
la parálisis la retuercen, como nuestras riberas. Y como
buena ribera sayaguesa, en su tortuoso trazado hay un
cadozo donde hay algo de tranquilidad. En él se remansa
su personalidad. Allí anida la serpiente emplumada de su
libertad. No es fácil encontrarlo porque está oculto
entre la imposibilidad de caminar, la silla de ruedas,
los esfuerzos casi sobre humanos para hacerse entender
hablando, los bruscos movimientos de brazos y piernas...
Todo eso hace borbollear la parte sana que quedó en su
cerebro. Es tal el ímpetu que terminan desbordando el
cauce riadas de letras formando palabras, algunas
difíciles de interpretar. El caudal es de tal magnitud
que una vez pasado por la turbina de la corrección,
salen al unísono produciendo una corriente continua que
alumbra libros y artículos que publica contra viento y
marea; gracias al dinero que han arriesgado sus padres.
–¡Si sabré yo de publicar con el sudor propio!-
Al otro lado de la ventana salió hace cinco años. Uno
después La ironía de la libertad. El primero es una
novela. El segundo una reflexión sobra sí misma cargada
de denuncias.
Tere no habla de la historia de Sayago, ni de las
costumbres, ni de sus miedos, ni de su incierto futuro,
ni de sus frustraciones, ni de sus encabronamientos...
Tampoco de aquello que podemos sacar a relucir
investigando en los archivos o en la s actas de los
ayuntamientos, o de nuestros odios, o de nuestras
cobardías, o de las máscaras tras las cuales nos
refugiamos para no dar la cara… Habla de un Sayago que
desconocemos en su totalidad. ¡Sí! Voy más lejos: esa
ignorancia es del doscientos por cien porque está
sometida al olvido por la sociedad que la rodea, o sea
nosotros, y por la administración; lo que hace que se
multiplique la totalidad.
El Sayago que nos muestra Tere es el de su vida y su
problema, que también lo es de más gente. Es un Sayago
que aún no hemos bautizado por cobardía. Porque no da la
imagen que puedo dar yo, o el delegado de no sé que, o
el político de turno, o el alcalde no sé qué coño tiene
para...
Tere es una sayaguesa condenada a la mazmorra de su
parálisis cerebral. Y nosotros no somos caballeros de
los de antes para salvar doncellas desvalidas porque
vemos en Tere, no a un ser humano, sino a un dragón
trasmutado en un cuerpo de mujer extraña que nos puede
quitar el lustre de la armadura. ¡Qué mierda de
caballeros! Por eso fracasaron los medievales buscadores
del grial. Eran narcisistas en extremo.
Ahora tenemos una oportunidad de, al menos, acercarnos a
ella, aunque sea de lejos para irnos haciendo a la idea,
a través de sus libros. Ventanas tras las cuales se
supera lo cotidiano, lo conocido, lo fantástico… con
algo que la mayor parte de las veces no nos gusta: la
realidad. Por eso pone a la venta la segunda edición de
su primer libro Al otro lado de la ventana. ¡Sí! ¡He
dicho la segunda edición! Y aún se venden ejemplares del
segundo. Y está preparando un tercero. Tardará porque su
cerebro es rápido, claro, inquieto. En cambio sus dedos
son torpes. Y para escribir, y gracias al teclado de un
ordenador, sólo lo puede hacer, y con mucha dificultad,
con algún dedo de la mano derecha.
Que ese dedo que no es seguro como los nuestros y se
mueve de cuando en cuando para todos los lados contra su
voluntad, no siga siendo el dedo que nos acusa de no
querer saber nada de ese Sayago que ella representa,
porque si no Sayago está mutilado.
Pd.
Sus libros se pueden adquirir en la librería Semuret, o
poniéndose en contacto con ella en:
teresaguerrera@hotmail.com
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RAMON M. CARNERO
"Desde Los Hociles" |
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