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El día siguiente
Ramón M. Carnero
ramonm.carnero@gmail.com

Marzo, 2011


Escribo mientras llueve. Muchas veces lo hecho mirando a La Ribera, al teso Bárate.
Hacerlo últimamente se está convirtiendo en el recurso de la desesperación. Y eso que la pluma es el único lugar donde me agarro para resistir porque es el último reducto de la libertad. Pero siento que cada día que pasa se encoge. Me resta aire porque se lo están trasvasando al lugar que unos pocos, y para los suyos, exigen en las urnas de la municipalidad esgrimiendo nuestro egoísmo a compartir, dada la disparidad del espacio
que muchos ocupamos, y ellos, argumentando servicio al pueblo, consideran vital para desarrollar «sus funciones».
Tras una «risacada de sol» halagadora que precede, es sabido, al aguacero de una segunda burrufera, que ahora, tras cuatro años, será de votos que alimentan los cauces
de arroyos concejaleros que llenan las riberas alcaldables que desembocarán en el gran río de la Diputación.
Nos pedirán una vez más que votemos tratándonos de convencer que ejercer ese derecho da vida a la democracia. Además, que en las municipales no se vota al partido,
sino a la persona. ¡Ja, ja, ja! Todos los candidatos son impuestos por los partidos buscando los mejores resultados con la vista puesta en controlar la Diputación. Ningún
aspirante a concejal se gana el derecho a presentarse ganándose al pueblo en un debate cara a cara con él. Si no hay unas siglas y banderas partidistas detrás, no hay candidato.
Una vez que ha escampado en las urnas y confirmados los munícipes, casi siempre los mismos al frente y/o detrás «maquilando», también los mismos, dragan de nuevo sus
cauces para que todo vuelva a ellos. Por más indómita que parezca cualquier corriente no es libre, porque las cadenas de los barrancos, quebradas y desfiladeros no las pueden
romper, y la conducirán a la esclavitud de Arribas o Arribes o Arribanzos. Vamos, que los fortines de los ayuntamientos no hay majo que se los salte. Y por mucho que acudamos a esos espacios, no respiraremos más que dominio de la naturaleza por la naturaleza.
Estoy cansándome de escribir. ¡Sí! Siento que malgasto el cada vez más exiguo aire de libertad que queda. Me debato entre el derecho a renunciar a ese ímprobo esfuerzo para
alargar siquiera un poco, no sé cuánto, mis ansias a henchir mis pulmones una vez más.
Es el agua que sigue cayendo mientras esto escribo, que rechazada por la tierra que ya no puede tragar más, se entrega sin rechistar al arroyo, a la ribera, deleitándonos con su goteo, con su murmullo, con el estruendo de la cascada, con el placentero remanso y la quietud del río embalsado. Pero al fin y a la postre recluida entre Arribes, Arribanzos o Arribas. Cree que cuando llegue el ancho mar la hará libre. El ciclo de la naturaleza le dará la respuesta cuando el sol la evapore.
Es el día siguiente mismo de las votaciones cuando los elegidos y reelegidos encaucen sus ambiciones personales y se regodeen viendo como seguimos lamentándonos.
 

RAMON M. CARNERO
"Desde Los Hociles"