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Recogiendo velas

Ramón M. Carnero
ramonm.carnero@gmail.com

Enero, 2010


Creo que por mis venas en vez de sangre corre tinta, que fluye a través de mi pluma hasta el papel de los libros, de revistas, de periódicos. Han sido grandes las satisfacciones. Pero también, de vez en cuando, lo escrito en estos últimos me han brindado ratos amargos, duros de digerir cuando han chocado con aquellos junto a los que me he negado a alinear, que no a dialogar, a cambiar impresiones desde el respeto a las ideas de cada uno. Herrar es humano. También lo es rectificar. Pero no desde la razón de la fuerza esgrimida desde detrás de una trinchera, que un día yo, juntado dos palabras fáciles de entender, definí como razones cojonediles. Hasta la fecha nadie lo ha hecho cara a cara dialogando.
En vista de que cada vez es más difícil dialogar cuando no se piensa como el otro, mejor dicho cuando el otro quiere ser dueño y señor de obras y palabras y ponerlas bajo su custodia, toca reflexionar y enfrentarse a las consecuencias. Y estas, durante mi ausencia de esta sección, me están aconsejando que recoja velas y amarre en una ensenada protegida.
Cierto es que es una minoría insignificante la que arremete contra mí de vez en cuando -¡animo WM, que somos más de uno!-, ya sin diferencia de distancias, lugares y colores políticos. Y aunque también es cierto que son más los que me brindan su apoyo, acostumbran a hacerlo personalmente, salvo contadas excepciones, como las últimas habidas. Estoy harto y cansado a pesar de los ánimos que recibo. Por eso me encuentro en la encrucijada de seguir o dejarlo, porque, además no escribo por dinero porque no cobro, sino por que me sale de dentro. Lo llevo en el alma.
Soy hombre de palabra y de paz y no quiero vivir con la amenaza del teléfono arrogante que trasmite el pensamiento de tanto déspota ilustrado en la ignorancia que amenaza con acciones de diferente índole y envergadura. Claro, que es peor aún cuando ese despotismo lo ejercen, ya no sé si personas realmente ilustradas o que tienen mucho lustre como consecuencia de tanto frotarse en y con la política.
Creo que no voy a descubrir nada nuevo, aunque lo voy a decir ya que nuestro Concejo Abierto no lleva tantos años funcionando como yo escribiendo, primero en El Correo de Zamora y luego en La Opinión. Muchas expresiones e ideas que circulan por este foro universal tan nuestro, ya circularon hace años en El Correo y la Opinión. Nada ha cambiado salvo el que en este medio haya más voces discordantes, más voces que denuncian. Pero todo sigue igual. Entonces como ahora, las rabietas de unos pocos, cuando tienen detrás un color político, al instante encuentran eco en los medios masivos de comunicación. Por el contrario, las de la gran mayoría, si no han sido previamente manipuladas en beneficio de algún color político, no encuentran una montaña donde vocearlas para que el eco las lleve hasta los rincones más alejados. Triste realidad la nuestra, eterna compañera de la mordaza.
Los que esgrimen las urnas para legitimar determinadas acciones nada éticas, o las menos respetuosas con la justicia natural, conocen muy bien los resortes que mueven. Por eso está inmóvil y con el seguro puesto el principal: enseñar a la gente que la democracia no es ir a votar cuando nos mandan. Tendrían que enseñarle a la gente, a sus paisanos, a sus vecinos, que no deben, que no tienen que ser sus siervos, que son ellos los que están para servirles. Que al que se sirve de las urnas, es nuestra obligación, tenemos el deber, y, es más, podemos quitarlo.
Estoy pues meditando seriamente retirarme a la escritura de libros, a mis investigaciones de campo, de archivo que dan más satisfacciones, como aquellos años que estuve contando tantas cosas en una emisora provincial; o como el nuevo libro que acabo de terminar.
Todo tiene un límite. Y aunque el mío no lo conozco, a mi alrededor tengo uno que es mi familia. Por encima de todo tengo que respetarlo. No quiero que mi mujer vuelva a coger el teléfono después haber escrito yo.


 

RAMON M. CARNERO
"Desde Los Hociles"