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RAICES |
Cristina Lázaro Prieto
(Bermillo de Sayago)
A todos nos gusta conocer a la familia, saber cómo y
quién eran nuestros antepasados, llegar a conocer
nuestros orígenes…
¿Cómo llegó mi familia a este pueblo? ¿En qué trabajaba
el tatara-abuelo, del abuelo, del que es ahora mi
abuelo?
Me paro a pensar y me digo, ¿Quizás descienda de un
soldado que luchó codo con codo junto a Viriato contra
los romanos? ¿Quizás descienda de algún conde que se
dejaba “caer” por nuestros campos? ¿O quizás sea
descendiente de uno de esos valientes pastores, que con
su manta y callado pasaba día tras día las noches en
vela protegiendo su ganado?
No hay documentos que me resuelvan la duda, pero si me
dieran a elegir mi antepasado, no elegiría ni al
ricachón del conde, ni al servicial soldado, sino al
valiente sayagués, que con su callado se entregaba al
ganado, que con sus manos recogía piedra tras piedra,
para (aún sin haber estudiado el oficio) construir esos
hermosos casales (que hoy en pie) en herencia nos
dejaron, o esos cortinos, que con las piedras a la
espalda hace tiempo levantaron, junto con iglesias y
ermitas, que una vez más, piedra a piedra trasladaron…
Porque nuestro origen o nuestra historia, no es sólo un
apellido que pasa de padre a hijo, sino que también lo
es el sol de la tierra en la que vivimos o esa sombra de
roble en la que hoy nos cobijamos…
Porque aquí está la casa de nuestra infancia, y siempre
habrá un rinconcito en nuestro corazón que nos recuerde
esta tierra, tal y como la conocimos.
Septiembre, 2007
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