Página de inicio ENTRE ALFORJAS

EL ORGULLO SAYAGUÉS

Cristina Lázaro Prieto 

(Bermillo de Sayago)
Noviembre, 2009

Esta mañana, disfrutando de un tiempo de descanso amanecí no tan temprano y asomándome a la ventana contemplé la lejanía, y me acordé de Sayago…
La mañana con niebla me recordó esos días del duro frío, esos días de invierno que para nuestros mayores pasan desapercibidos y que nosotros morimos de frío, días de estar metidos en casa, en el hogar, junto a la lumbre, en familia… por eso hoy me acordé de Sayago. Tras un rato de añoranza a la Tierra, encendí el ordenador para leer la prensa, (todos los días compruebo si dicen algo de Sayago en el periódico), pero hoy me llamó la atención un artículo, “ALGO MÁS QUE UN GENTILICIO” llevaba por título, ¿qué es ser zamorano para ti? continuaba. Pues bien, yo quise cambiar las tornas, y volví a replantear la pregunta, ¿Qué es para ti ser sayagués?
Difícil respuesta, no cabe duda, para contestarla quizás haya que hacer un examen de conciencia, pero tras un rato pensativo, (más o menos largo, la respuesta sale).
Para mí, considerarme sayaguesa se remonta a la infancia. Dice un viejo refrán, que uno no es de donde nace, sino de donde pace. Y uno siempre tira a la tierra donde pasó su infancia, donde creció, donde encontró el sentido de su vida, y tras estar distantes cuando uno vuelve a ese lugar, vuelve a su casa, a su hogar. Quiero destacar una frase de ese artículo, “que bien se vive en Zamora, pero que difícil es vivir”, igualito que en Sayago.
Las raíces, la familia, tiran para la tierra. Para mí son mis abuelos, mis amistades, para mí, es el hecho de ir al pueblo, donde desde primera hora te cruzas con un vecino y le das las buenas horas, donde las caras conocidas te llenan de alegría, donde quieras que no, aunque no haya vínculo de sangre todos son de la familia, o por lo menos yo así lo considero.
La alegría de pasear por sus calles, por sus caminos, de sentarte junto a la ribera al lado de un pequeño salto, tan solo para oír caer el agua, eso te da serenidad, te da de pensar, te aleja de la ciudad, de sus ruidos…
Podría decir tantas cosas de Sayago…
Pero para seguir disfrutando no solo hay que recibir hay que dar. Por eso he llegado a la conclusión que ser sayagués no solo es recibir de la tierra, sino entregarte a ella, cuidarla (tanto la tierra físicamente hablando, como a sus gentes), y luchar porque los intereses de Sayago, sean los de uno mismo…
Y para ti, ¿qué es ser sayagués?

Noviembre, 2009