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EN EL DESVÁN... |
Cristina Lázaro Prieto
(Bermillo de Sayago)
Octubre, 2008
Entonces cayó el candil, y tras él, entro aquel rudo y
descortés viento, llamado a hacer presente, al frío
invierno…
“Tras una puerta, siempre hay algo que esconder” En este
caso, siempre se esconde algo, porque dicen que en
nuestros pueblos no hay gente (aún menos con la llegada
del invierno), pero si fuésemos casa por casa y diésemos
un par de golpes en el postigo, encontraríamos tras la
puerta a un viejecito diferente, con su rostro, con sus
ojos, con su mirada, con las manos de una vida…
Son la gente del pueblo, a los que nosotros no vemos,
los que viven en sus casas sin apenas pisar la calle,
sin quehaceres.
Los hay, que a pesar de la cenceñada de la mañana, salen
a pasear calle arriba o calle abajo, y ante la pregunta
de; -¿qué adónde va?- se limitan a responder con un…-voy
a ver si quito la polilla-
Hoy día apenas vemos a esos viejecitos con su pantalón
de pana, su chaquetón, su boina, su cayata. Tampoco
vemos esas viejecitas con su pañuelo negro atado a la
cabeza, con su sayo, con su chambra, con su mandil…
Podríamos estar toda una tarde sentados alrededor de la
camilla, desempolvando “trastos” viejos del desván,
viendo fotografías o leyendo cartas de papel, que nunca
se cansarán de entrelazar historias para que luego solo
parezcan una, porque no se cansan, y si se cansasen, no
habría nada mejor que un mendrugo pan y un vaso de agua
para reponer fuerzas y seguir sumergiéndose en años
pasados. Aunque para nosotros ellos no hagan nada o no
queramos que hagan nada, siempre sacan jera que hacer, y
se buscan sus propios quehaceres para mantener la cabeza
ocupada, aunque solo sea estar sentados junto a la
lumbre esperando a que el invierno pase…
Bermillo de Sayago, Octubre 2008
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