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DÍA DE ROMERÍA

Cristina Lázaro Prieto 

(Bermillo de Sayago)

“Todo empezó aquella mañana de mayo de hace un par de años…”

El frío atravesaba, esas gruesas paredes de piedra y adobe hasta colarse en mi habitación, y escondido tras la cama, buscaba el más mínimo agujero en las mantas, para colarse entre las sábanas y alcanzar mi cuerpo, que reposaba, hasta entonces caliente, en unos dulces y agradables sueños.

Era la primera vez que emprendía el camino hacia la ermita. Llena de ilusión y con alguna que otra legaña me levanté de la cama, me calcé las botas y desayuné en abundancia para coger fuerzas.

El sol aún estaba bajo, no sabíamos cuanto tardaríamos a si que decidimos emprender pronto el camino. Con paso lento atravesamos el pueblo. Para mí era un momento de orgullo, era toda una hazaña, por lo que caminaba con la cabeza bien alta. Recuerdo, que a la salida del pueblo en lo alto de la colina, ya flojeaban mis fuerzas, pero era demasiado pronto para cansarme, a si que me llené de fuerzas y “tiré pa´ lante”. El colorido horizonte inundaba mis ojos, y el caer del agua en un pequeño salto de la ribera alegraba mis oídos. Territorio desconocido para mí hasta ese momento, pero que con el tiempo se ha ido grabando en mi memoria con cada una de esas historias que las voces que caminaban conmigo me contaban; “…en esa cortina…” “y ese es el camino que un día…”

Tras un gran derroche de energía por mi parte, y con mis tripas rugiendo, llegué al alto donde estaba la ermita, a esas horas llena ya de gente, pero que sinceramente, yo les quitaba mérito por haber ido en coche. A la llegada al templo, le encendí una vela a la Virgen, a la “Virgen de Ntra. Sra. de Gracia”, a la que devotos del pueblo, vamos a verla aunque solo sea una vez al año.

Tras cantarle emotivamente y a una sola voz la salve, disfrutamos de una agradable comida de sábado en el campo, y eso si que no lo olvido, siempre bajo la misma encina, como si cada familia tuviese ya una encina asignada. Es curioso, pero cierto.

Después de comer la tortilla, los huevos rellenos, las rosquillas… (por eso de llamarse “romería de San Juan de los Huevos”) ¡Qué mejor que echarse una siesta bajo esa sombra que cada año nos cobija!

Para terminar la tarde, rosario, y lanzamiento de caramelos (con cacahuetes y avellanas incluidas) que como no, y para no perder la costumbre, ¡Siempre te tiene que dar alguno en la cabeza! En fin, que todo sea por no perder la tradición…

Y para terminar, ya solo queda despedirse y volver a casa, pero eso sí, ¡Esta vez vuelvo en coche!

Con la cara y brazos quemados, me marcharé a la cama. Y cuando despierte al día siguiente, ya todo quedará en el ayer.

Pero el año, en el que despierte “esa mañana” lejos de esa tierra que me llama, por causas de la vida, (por entonces florida) seguiré viviendo ese día como se lo merece, “COMO UN DÍA DE ROMERÍA….”


Bermillo, 3 de Mayo, 2008