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TURRÓN POR NAVIDAD |
Cristina Lázaro Prieto
(Bermillo de Sayago)
Ya veo desde el alto del cerro, venir a los Reyes Magos,
están allí, en el horizonte, y se están acercando…
¿Pero qué es lo que veo? ¡Los Reyes vienen en burra! ¿Y
sus camellos? Tampoco vienen con sus telas finas y
delicadas, sino que vienen abrigados con chambergos, y
enrollados en una manta con una “latica” llena de brasas
de la mano, como en los viejos tiempos… Se habrán dado
cuenta, del frío que hace por esta tierra, y los
camellos, pues habrán preferido quedarse tomando el sol,
en las costas del sur…
Mientras, los niños, están dentro de sus camas, luchando
contra el sueño, para poder estar presentes, cuando
lleguen los Reyes, pero una vez más, han perdido el
combate, y duermen todos como angelitos, soñando con los
regalos que se encontrarán cuando se levanten. Llevan
semanas, esperando la llegada de esa noche, poniendo el
árbol, colocando el nacimiento, echando sus cartas…
hacen mil cosas para embellecer la Navidad. Y pensar,
que cuando nuestros abuelos eran jóvenes, únicamente
ponían el nacimiento en la escuela, con unas figuritas
de barro que tenía la maestra, y en la Iglesia, con el
misterio que se guardaba en la sacristía, y eso era
todo, no había más. Hoy, los Reyes vienen cargados de
regalos, coches eléctricos, barbies… ¡Pero lo que ya no
traen es turrón! (¿Será porque ahora lo venden en el
supermercado todo el año?) Antes, los que tenían algo
mas de suerte, si que les caía algún juguete, pero otros
solo encontraban un chorizo y un trocito de turrón, que
siempre acababan comiendo en familia, y los niños malos,
pues, les traían carbón, pero no del dulce que venden
ahora, sino carbón, carbón, o quizás una piedra… ¡FELIZ
AÑO!
BERMILLO, 3 de Enero de 2008
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